La enseñanza del presente no se limita a obtener solo un conocimiento, la sociedad actual exige seres más capaces,aptos y más competentes para los retos que presenta día con día. El maestro es el apoyo inmediato a esta situación, de él emanan las estrategias adecuadas y aplicables en el aula destinadas a crear humanos activos, sabedores de teoría y ágiles en la práctica. Provocar que los alumnos tomen el dominio de su aprendizaje no es algo fácil y es por eso que se reconoce la complejidad de la labor docente.
Sin darnos cuenta llevamos a cabo en nuestra vida diaria el acto de conocer, aprender y pensar, sin embargo, estas competencias cognoscitivas que nos menciona Rosa María Torre en su libro de “Qué y cómo aprender” van más allá de solo ejecutarlas, es saber cómo, cuándo, dónde y para qué se deben utilizar. Al tomar decisiones ponemos en práctica el acto de pensar, conocemos acerca de lo que se hará y aprendemos de los resultados obtenidos, de esta manera empleamos cada una de las competencias, haciendo ver este proceso como algo sumamente fácil, pero, ¿Cómo llevar este proceso al ámbito educativo y cómo hacer que los alumnos vean igual de fácil este proceso con su aprendizaje? He aquí el reto del maestro.
Con reflexionar acerca de lo que sabemos, conocemos y la forma en que utilizamos dicha información me refiero a que la persona no se debe estancar en solo recibir datos, sino que debe despertar en él un interés por su propio conocimiento, que de manera autónoma se analice si aprende, de qué manera lo hace y cómo lo aplicaría en un alguno de los casos. Para aprender, se necesita conocer, ambas también necesitan de un pensamiento que oriente y autoexplore todo el proceso, una a otra están unidas. Cabezas llenas de información pero vacías de capacidades que solucionen problemas ya hay muchas, se necesita ser crítico y no con los demás, consigo mismo, de esa forma se crea el aprendizaje, de esa forma el maestro solo guía, orienta, lo demás es el alumno quien lo descubre. Se trata de analizar lo aprendido, suena repetitivo pero así lo es, el potencial siempre está, es cuestión de activar la mente para que lo demás fluya.
Sin darnos cuenta llevamos a cabo en nuestra vida diaria el acto de conocer, aprender y pensar, sin embargo, estas competencias cognoscitivas que nos menciona Rosa María Torre en su libro de “Qué y cómo aprender” van más allá de solo ejecutarlas, es saber cómo, cuándo, dónde y para qué se deben utilizar. Al tomar decisiones ponemos en práctica el acto de pensar, conocemos acerca de lo que se hará y aprendemos de los resultados obtenidos, de esta manera empleamos cada una de las competencias, haciendo ver este proceso como algo sumamente fácil, pero, ¿Cómo llevar este proceso al ámbito educativo y cómo hacer que los alumnos vean igual de fácil este proceso con su aprendizaje? He aquí el reto del maestro.
Con reflexionar acerca de lo que sabemos, conocemos y la forma en que utilizamos dicha información me refiero a que la persona no se debe estancar en solo recibir datos, sino que debe despertar en él un interés por su propio conocimiento, que de manera autónoma se analice si aprende, de qué manera lo hace y cómo lo aplicaría en un alguno de los casos. Para aprender, se necesita conocer, ambas también necesitan de un pensamiento que oriente y autoexplore todo el proceso, una a otra están unidas. Cabezas llenas de información pero vacías de capacidades que solucionen problemas ya hay muchas, se necesita ser crítico y no con los demás, consigo mismo, de esa forma se crea el aprendizaje, de esa forma el maestro solo guía, orienta, lo demás es el alumno quien lo descubre. Se trata de analizar lo aprendido, suena repetitivo pero así lo es, el potencial siempre está, es cuestión de activar la mente para que lo demás fluya.
Revisado
ResponderEliminar